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Allanaron la casa de la supervisora de Migraciones que dejó ingresar a los iraníes tras una insólita cadena de errores

Los funcionarios que participaron en el operativo quedaron en la mira de la Justicia. En esta nota, una crónica sobre cómo fue el ingreso al país de los sospechosos.

El martes 12 de este mes a las 10:20 en el aeropuerto de Ezeiza, Emiliano Daniel Piñol, oriundo de Villa Lugano, empleado de la Dirección Nacional de Migraciones desde mediados de 2009, se encargó de chequear los pasaportes aparentemente israelíes de quienes decían ser Netanel Toledano y Rivka Toledano, que venían en un vuelo desde España. Una consulta con la base global I-24/7 de Interpol reveló que estos pasaportes habían sido denunciados como «robados».

Los pasaportes fueron refutados por la oficina de Interpol en Jerusalén.

Así, Piñol activó las alertas de restricción en el sistema local y le consultó qué hacer al respecto a José Ignacio Naldini, de 45 años de edad, oriundo de Adrogué, un funcionario de Migraciones de mayor jerarquía, también con diez años de antigüedad dentro de la DNM, mediante un correo electrónico. Piñol le solicitó a Naldini, según fuentes cercanas al trámite a Infobae, qué hacer, qué temperamento tomar.

Ese mismo día, Interpol en Jerusalem recibió una notificación desde Argentina, un pedido de información sobre los supuestos Toledano que alertaba que habían llegado al país.

Mientras tanto, los Toledano salían a caminar libremente por suelo porteño, con identidades falsas y un departamento en la zona del Abasto. No eran israelíes para empezar, sino que eran oriundos de Irán: Sajjad Samiel Naserani (27 años) y Mashoreh Sabzali (30) son sus presuntos nombres.

Cuatro días después, Sabzali y Naserani fueron detenidos por la Policía Federal Argentina en un operativo supervisado en persona por el jefe de la fuerza, Néstor Roncaglia, tras una investigación de la AFI y llevados a una alcaidía de la dependencia de la PFA en la calle Cavia, con una investigación a cargo del juez Luis Rodríguez. Hoy por la mañana, ambos fueron trasladados con un fuerte operativo de seguridad hasta los tribunales de Comodoro Py para ser indagados por el juez.

En el medio de toda esta narrativa hay una historia insólita, una cadena de errores nacionales e internacionales que llevaron a que un hombre y una mujer sospechados por la Embajada local de Israel de tener vínculos con el terrorismo islamista se muevan como quieran por la Capital Federal.

El miércoles 13, un día después de su llegada, el Estado argentino recibió una respuesta del Gobierno israelí. Afirmaba que los pasaportes efectivamente habían sido robados a dos hermanos del mismo apellido que estaban dentro de Israel en ese momento. Los nombres, para empezar, habían sido alterados

Desde Argentina, se amplió el pedido de información a Interpol en Jerusalén, se enviaron copias de los documentos de los iraníes y sus fotos, así como sus huellas dactilares. Jerusalén confirmó lo obvio: las fotos y las huellas no coinciden con las de los verdaderos titulares.

El embrollo continúa. Los registros evidencian que una supervisora de Migraciones llamada Claudia Zaporta, de 48 años, empleada de la DNM desde 2005, determinó que la restricción sobre los iraníes en el sistema «se debía a una denuncia sobre pérdida del pasaporte» y que se procedió a «su ingreso con pasaporte hábil de viaje». Para sumar a la ironía, Interpol Israel envió otro mensaje que aseguraba que los pasaportes falsos hasta tenían faltas de ortografía en hebreo.

El jueves 14, con los iraníes todavía en la calle, se elevó la situación a Comodoro Py, dada la competencia federal en la materia: recayó en el escritorio del juez Luis Rodríguez. Ese mismo día, las divisiones de Individualización Criminal y Dactiloscopía de la Federal reciben las fotos y huellas de Naserani y Sabzali.

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